(1913-2014)

“La profesión médica no es una profesión para dedicarse única y exclusivamente a producir dinero, a tener alegrías en la vida. el que la abraza tiene que tener el convencimiento de que él es un servidor público y en uno de los aspectos más importantes de la sociedad, que es la salud”.

 

La primera referencia escrita de la enfermedad de Hansen (o en español llano: lepra) se remonta al año 600 antes de Cristo, siendo ya conocida por las antiguas civilizaciones.

La bacteria Mycobacterium leprae no fue –en cambio- descubierta hasta 1874 por el médico noruego Gerhard Armauer Hansen, por lo cual lleva su apellido la enfermedad en el mundo científico.

De no ser tratada, puede causar lesiones progresivas y permanentes en la piel, nervios, extremidades y ojos.

A lo largo de la humanidad siempre ha cargado con prejuicios sociales muy arraigados. Recordemos el pasaje bíblico de los doce leprosos en el Nuevo Testamento, el cual es uno de tantos episodios dentro de la Biblia.

Su eliminación mundial se alcanzó, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, en el año 2000. ¿Qué significó esto? Que a la actualidad, la tasa de prevalencia mundial es de menos de un caso por cada 10 mil habitantes en el mundo.

En los últimos 20 años el tratamiento multimedicamentoso ofrecido por la OMS ha conseguido curar a cerca de 16 millones de pacientes.

Si hoy día podemos hablar de resultados positivos, es gracias a gente como Jacinto Convit, médico y cientofico venezolano, que desarrolló una vacuna contra esta enfermedad infecciosa crónica.

 

Se doctoró en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela.

 

Hacia 1937 se incorpora al leprocomio de Cabo Blanco, siendo testigo de primera línea de la marginación de los pacientes, que eran encadenados y custodiados por autoridades policiales.

 

Todo esto definiría su carácter humano, quien ante tal maltrato, exigió a los guardias un mejor proceder con los enfermos.

 

Convit inoculó el bacilo de la lepra en armadillos de la familia Dasypodidae y obtuvo el Mycobacterium leprae, que mezclado con la BCG (la harto conocida vacuna de la tuberculosis), produjo la inmunización.

 

Este notable aporte a la ciencia médica, le valió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1987, además de una postulación el año siguiente al Premio Nobel de Medicina.

Su carrera y proyección a nivel internacional es amplia. El Instituto de Bio Medicina recibe becarios enviados por la OMS/OPS provenientes de América, África y Asia. En 1971 Convit fue nombrado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) Director del Centro Cooperativo para el estudio Histológico y Clasificación de la Lepra, dirección que continuó desempeñando, hasta antes de su fallecimiento.

 

Además de sus investigaciones en enfermedades infecciosas y parasitarias, Convit desarrolló en sus últimos años de vida, investigaciones en el establecimiento de procedimientos de inmunoterapia en la patología del Cáncer.

 

Una carrera de toda una vida le ha sido merecedor de múltiples homenajes, premios y reconocimientos. Uno de ellos, resume la gratitud que por Convit siente su lar natal: “por ser maestro en el campo de la ciencia, orgullo de la medicina venezolana, por su hermosa carrera en la investigación científica y en la docencia, especialmente por haber demostrado su profundo amor hacia el ser humano.

 

En el año 2013 los diputados de la Asamblea Nacional venezolana aprobaron por primera vez un proyecto de reconocimiento a sus trabajos, con motivo del centenario de su nacimiento y por su obra, que incluye sus logros científicos a favor de la salud del pueblo venezolano y del mundo, por su dedicación al ejercicio de la medicina sin fines lucrativos y de enriquecimiento personal.