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noviembre 26, 2015

Dr. Jorge Reynolds

Biografía

Jorge Reynolds Pombo (Bogotá, Colombia) es un ingeniero electrónico de la Universidad de Trinity College en Cambridge, Inglaterra, que siempre ha estado interesado en el corazón, aunque su especialidad académica lo alejara bastante de ello.

Desde muy joven, Reynolds se sintió atraído por la relación que existe entre la electricidad y el corazón, pues para que el órgano vital funcione correctamente precisa de unos impulsos eléctricos que se generan en nuestro propio cuerpo. Al regresar de Inglaterra con su título de ingeniero electrónico, llegó a Colombia con 21 años y un puñado de ideas muy originales, inspirado por el hecho de que el cuerpo humano puede generar electricidad. ¿Podría entonces la electricidad externa hacer funcionar de nuevo un órgano biológico deteriorado? ¿Cómo podrían aplicarse de forma segura las prácticas del antiguo Egipto consistentes en usar anguilas eléctricas para desfibrilar el corazón, con descargas eléctricas de 850 voltios a un amperio?

Cuando un ingeniero electrónico empezó a trabajar en el corazón, todo el mundo se rio. Medicina y electrónica eran entonces cosas separadas. “Nadie en Colombia sabía para qué servía un ingeniero electrónico; pensaban que tendría algo que ver con la bomba atómica y que debía saber arreglar planchas.” Pero Reynolds no se rindió.

Creador del marcapasos

¿QUÉ HIZO?

Así, pues, el invento de Reynolds llegó a la comunidad médica como un salvavidas decisivo. Después de su relación con el doctor Albert Hyman y otros, primer constructor de un estimulador del corazón con manivela, que mantuvo con vida artificial a un perro durante 45 minutos, Reynolds desarrolló el primer marcapasos artificial con electrodos internos y unidad electrónica externa en 1958. El mismo le fue implantado a un hombre de más de 70 años de edad a fin de devolver la vitalidad a su corazón afectado. Era un sacerdote llamado Gerardo Flórez, quien había llegado a Bogotá desde Guayaquil, Ecuador, con la esperanza de sanar su afección cardiaca. Las esperanzas eran escasas, pero no había mucho qué perder, así que el paciente aceptó ser la cobaya de ese nuevo ingenio, que parecía haber salido de una película de ciencia ficción. “Yo no estaba de acuerdo con la implantación, pero hablando con el paciente y con el doctor Alberto Vejarano, jefe de cirugía de la Fundación Shaio en Bogotá, me convencieron de que este sistema era el único posible para salvarle la vida, ya que las drogas eran cada vez menos efectivas”, dice Reynolds.

Y no era para menos: por aquel entonces, el marcapasos era mastodóntico, pesaba más de 45 kilogramos, y, además, el paciente debía transportar en una carretilla la batería que alimentaba el aparato por medio de unos electrodos. “Cuando ya teníamos estos dos elementos listos, batería y marcapasos, a alguien se le ocurrió montarlo en un carro utilizado para el transporte de oxígeno en los hospitales. Así quedó conformado nuestro primer marcapasos.” Irónicamente, la noticia de aquel glorioso martes no fue referida por la prensa colombiana; el primer medio que lo publicó fue el Times londinense. Ocho días después, la foto de los electrodos conectados a un corazón dio la vuelta al mundo. Aquel sacerdote, de pronto, se debió sentir un moderno monstruo de Frankenstein. O no tan moderno, porque los problemas técnicos surgían con frecuencia. “Cada 72 horas había que recargar la batería, y en ese tiempo en nuestro medio eran escasos los automóviles con sistema de 12 voltios. Entonces, acudíamos a los dos únicos que existían: un Triumph y un Chevrolet.”

A pesar de todo, el invento logró que aquel primer paciente viviera 18 años más. Con el tiempo, sin embargo, los marcapasos han ido reduciendo su tamaño hasta alcanzar un tamaño menor al de 3 monedas unidas una sobre la otra, gracias al transistor y a los avances tecnológicos. Reynolds no sólo está interesado en los corazones humanos, sino también en el de otros animales, sobre todo el de las ballenas. Por esa razón, en 1984, en colaboración con el capitán Francisco Ospina Navia del Acuario El Rodadero en Santa Marta, Colombia, Reynolds obtuvo el registro de los electrocardiogramas de distintos animales marinos. Esta iniciativa permitió más tarde realizar diversas expediciones para investigar y estudiar los corazones de animales terrestres y acuáticos.

Dicha investigación servirá para conocer el corazón de los mamíferos y entender mejor el funcionamiento de este extraordinario órgano. Los corazones de las ballenas, por ejemplo, son los más grandes del reino animal. “Usamos los submarinos de la Armada Nacional de Colombia que se hicieron para localizar al enemigo y destruirlo, en este caso para localizar las ballenas y grabar los sonidos de su corazón, que estaban interferidos por su canto y por el sonido del mar, pero con el software que hicieron para los grandes conciertos de rock pudimos filtrar todos esos sonidos y oír el corazón, para convertir el patrón acústico en mecánico y saber exactamente cómo funciona ese corazón.”

LA EVOLUCIÓN DEL MARCAPASOS.

  • Marcapasos de reynolds (1958): Pesaba 45 kilos y se transportaba con una carretilla.
- Marcapasos atómico (1970): No prosperó debido a las dudas que generaba su fuente de energía: un par de baterías atómicas.
  • Marcapasos recargable (1980): Su tecnología era la misma de los sistemas de energía eléctrica de las naves espaciales.
  • Marcapasos de baterías de litio (1990): Ofrecieron mayor duración en un espacio más reducido.
  • Marcapasos cosmos (2000): Posee todos los avances de la electrónica moderna. Pesa 25 gramos y tiene 3 cm por su lado más largo y 5 mm de perfil.

SU LEGADO.

Habida cuenta de que las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte en nuestras sociedades, es evidente que la integración del marcapasos en la vida diaria de los pacientes ha alargado las vidas de más de 50 millones de personas y alargará las vidas de tantas otras que resulta imposible hacer una estimación. Un invento que en la actualidad ya se considera entre los 100 inventos mundiales más importantes de la historia, y el primer marcapasos que se conserva en el Museo de la Academia Nacional de Medicina.

Un primer paso necesario que pronto desembocará en el diseño del primer nanomarcapasos, el primero del mundo que están desarrollando Reynolds y un equipo interdisciplinario, un marcapasos tan diminuto que será prácticamente invisible: una cuarta parte de un grano de arroz. Un dispositivo que ofrecerá la posibilidad de que el médico, a través de su celular o de Internet, observe el funcionamiento del corazón del paciente.

Un desarrollo tecnológico que Reynolds confía en que, además de salvar muchos corazones, permitirá que Colombia tenga el puesto que merece en el mundo: “Hay científicos colombianos que los conocen en todas partes, menos en Colombia. Tenemos que darles espacio a la ciencia y a la tecnología, es lo único que nos hará competitivos en un mundo que se desarrolla tecnológicamente a grandes velocidades. Fíjese cuántos años duramos exportando el café sin ningún valor agregado. Perdimos muchísimo tiempo. Y así tenemos que pensar en todo. ¿Cuántas posibilidades tenemos en el campo de la agricultura y nuevos productos naturales?

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