Close

noviembre 18, 2015

Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá

culturametrobannerweb

Cultura Metro

La innovación que queremos presentar es la Cultura Metro, un modelo de gestión social y educativo que la Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá, como entidad encargada de operar y gestionar el sistema Metro de la ciudad de Medellín, Colombia, empezó a implementar desde 1988, siete años antes del inicio de la operación comercial.
Medellín y los nueve restantes municipios que conforman el Valle de Aburrá se caracteriza, como muchas de las grandes ciudades latinoamericanas, por una alta segregación de sus habitantes.

Por si fuera poco, en la época de construcción del Metro (finales de la década de los 80s) afrontaba el embate de la violencia generada por el narcotráfico, con todas sus consecuencias de destrucción del tejido social.

En 1995, con la inauguración de la primera línea del Metro, se generó una solución de movilidad que permitía atravesar de sur a norte el valle en el que se asientan estos municipios, lo que ya de por sí genera integración y cohesión social.

Sin embargo, la Empresa fue más allá y se propuso ser una forma de vida y un espacio para el encuentro social y cultural, para lo cual la llamada Cultura Metro es fundamental. A través de acciones como Metro amigos, Formación de líderes, aprendices de cultura Metro, integración de comunidades, conciertos, encuentros de líderes, campañas educativas y celebraciones de actividades en los barrios se materializa este propósito.

La Empresa, consciente de las implicaciones de ejecutar un sistema de transporte público en una sociedad marginada y relegada, envió a la comunidad a un grupo de gestores sociales del Metro mucho antes de establecer los primeros bloques de concreto, llegan para que se sumerjan en el entorno y apropien e interioricen las dinámicas sociales de la zona, para caracterizar las particularidades del territorio en donde se planea construir una línea de transporte público masivo.
Por esto, la Cultura Metro sirvió, además, como detonante de profundas transformaciones sociales.

El Metro, como columna vertebral del desarrollo de la movilidad en el Valle de Aburrá, de norte a sur, permitió la integración de comunidades. Así mismo, los puentes peatonales sobre el rio Medellín que la Empresa construyó para el ingreso a las estaciones permitieron la movilidad de los usuarios que caminaban por ellos o usaban su bicicleta para atravesarlos, creando así cohesión ente personas, familias y grupos que antes estaban separadas por el rio.

En la zona nororiental de Medellín, de grandes carencias económicas y asentada en una de las laderas que rodean la ciudad, se instaló un sistema conocido como Metrocable, pionero en usar el sistema de telecabinas – que en el resto del mundo se emplea principalmente para transportar turistas en estaciones de esquí – como solución de movilidad para el transporte masivo de pasajeros.

Esto, que de por sí bastaría para ser considerado como una innovación, permitió irradiar la Cultura Metro a estos barrios, caracterizados en ese momento por una baja presencia institucional. La llegada del Metrocable abonó el terreno para que el gobierno de la ciudad dotara a estas comunidades con equipamientos urbanos como la biblioteca España, parques y espacio público, entre otros, y dignificara así las condiciones de vida de sus habitantes.

Las estrategias utilizadas para sumergirse en el territorio son sencillas, pero con un gran contenido social. Manillas tejidas con la palabra ‘Parceritos´ (parcero es un término cariñoso para amigo en la jerga local) u otras que representan la bandera de Colombia, se convierten en avaladores de procesos de los cuales todos quieren hacer parte.

Así, paso a paso, se recuperó la institucionalidad, se construyó tejido social a través de los más pequeños y se le dio trascendencia a un sistema de transporte público que abre las perspectivas de cientos de proyectos de vida que estaban olvidados.

La Cultura Metro llegó a la ciudad de Medellín, apropió a los habitantes de su ciudadanía y les reconoció sus derechos, pero también los comprometió con sus deberes.

En el mundo existen alrededor de 180 sistemas Metro, y el de Medellín no figura entre los más grandes, los que más pasajeros movilice o los más antiguos.

Es un Sistema que moviliza 770.000 usuarios en un día típico laboral (la población del Valle de Aburrá ronda los 4 millones), posee siete líneas (dos de tren, tres de cable y dos de buses articulados o BRT) de 70 kilómetros e inició operación comercial en 1995.

Lo que lo hace innovador es el hecho de que sea un factor de cohesión social, creador de ciudadanía y catalizador de procesos de transformación urbana.
Integrar, mediante un sistema de transporte masivo, a una urbe situada a ambas márgenes de un río y cuyos barrios se asientan sobre laderas, requiere de innovación para salvar estos obstáculos geográficos.

Los metros convencionales, incluso los tranvías, son incapaces de ascender por las pendientes pronunciadas de estas montañas, y por eso se pensó en los cables como solución. En este momento hay tres en funcionamiento – uno de ellos turístico – y actualmente se construyen otros dos.

Al abordar cualquiera de ellos el usuario puede, con una sola tarifa, desplazarse por todas las líneas que conforman el Sistema.

Pero el desafío mayor de Medellín y el Valle de Aburrá no son las barreras físicas, sino las sociales.

Pretender vencer los estigmas, la sensación de aislamiento de los habitantes que viven en la periferia y la segregación, a partir de un proceso social y educativo asociado a un sistema de transporte masivo, es algo único en el mundo.
La originalidad de este planteamiento y sus efectos positivos han quedado evidenciados en estudios como “Reducing Violence by Transforming Neighborhoods: A Natural Experiment in Medellín, Colombia”, publicado por el American Journal of Epidemiology en su edición de octubre de 2011.

Allí se documenta cómo a raíz de la operación del Metrocable la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en la zona de influencia del Sistema pasó de 188 en 2003 a 30 en 2008, reducción significativamente más alta que la registrada en barrios de iguales condiciones socioeconómicas pero sin Metrocable en sus áreas de influencia.

El impacto trasciende la nación y permite mostrar la ciudad como un motivo de orgullo para propios y extraños superando cualquier expectativa.

Durante los procesos de cultura y tejido social, la acción de la empresa Metro se ha desarrollado en las diferentes etapas de la historia reciente de la ciudad de Medellín, desde las nefastas épocas del narcotráfico, pasando por las zonas donde las autoridades policiales no realizaban presencia, hasta los periodos modernos donde las zonas de influencia de la Empresa son motivo de visita de propios y extraños.

Esto último es producto del esfuerzo de los funcionarios de la Empresa Metro que trabajan en dos frentes: uno técnico y otro en la atención y comunicación con los diferentes grupos sociales que hacen parte de los corredores de influencia del sistema Metro de Medellín.

En honor de los muertos de las pandillas, grupos armados y fronteras invisibles, solo queremos mostrar lo que ellos no lograron ver, comunidades integradas entorno a la movilidad, barrios con procesos de paz duraderos y zonas donde los niños pueden jugar en las calles y ven a la empresa metro y la Autoridad como sus amaigos.

Lugares de la ciudad que eran vetados para su ingreso a las personas y ciudadanos normales se han abierto por medio de trabajo de la cultura Metro, que también ha logrado crear confianza en lo público, respeto por los sistemas de transporte masivo y empoderamiento de las obras de ciudad.

Para la implementación del programa de Cultura Metro en cables se invirtieron COP$ 350 millones entre los años 2001 y 2004.

El presupuesto anual para cultura y participación ciudadana es cercano a los $4.000.000.000 de pesos; los retornos son incontables y no cuantificables en pesos, entre ellos están la integración de grupos familiares, grupos sociales y el creer en el Estado como constructor de infraestructura sostenible.

La Cultura Metro se ha llevado a otros Sistemas Metro como los de Ciudad de Panamá y Lima (Perú), con contratos que tienen valores cercanos a los U$200.000; además, el tema se ha presentado en congresos de sistemas de transporte público y congresos relacionados con políticas sociales, lo cual representa altos costos en intangibles como la reputación y la imagen de marca para la Empresa, la ciudad y la Región.