El mar es el inicio de toda la creación. Durante siglos, los seres humanos hemos encontrado en su inmensidad una fuente de vida, inspiración y desarrollo. Para la bióloga marina Idelissa Bonelly, vivir desde su infancia en zonas costeras le hizo verlo como un desafío, “una incógnita que quería desentrañar”.

Esta admiración y curiosidad desde temprana edad por los misterios que escondía el mar bajo su superficie la motivó a cruzar las fronteras de su media isla en el centro del Caribe a estudiar biología marina en la New York University, en donde obtuvo un master en tal disciplina.

A su regreso al país que la vio nacer, en el año de 1962 se convirtió en la pionera en el desarrollo de las ciencias marinas en el país, incorporándose a la Universidad Autónoma de Santo Domingo con el propósito de crear las bases para un centro de investigaciones de biología marina.

Así, junto a científicos de distintas disciplinas no necesariamente vinculadas a la biología nació el Centro de Investigaciones de la Biología Marina (CIBIMA).

En esa oportunidad, Idelisa logró combinar los distintos saberes ante la inexistencia de un personal especializado en estudios marinos, dando conjuntamente los pasos hacia la implementación de la carrera de biología marina en el país.

Las investigaciones de Bonelly de Calventi al frente de CIBIMA siempre estuvieron relacionadas con la valorización de los ecosistemas marinos, arrecifes, manglares, praderas de yerbas marinas y la biodiversidad marina.

Así como la curiosidad genera conocimiento, sus investigaciones sobre el ecosistema marítimo –junto a un gran equipo de especialistas- han generado descubrimientos como los efectos antimicrobianos de la Ascidia nigra, el uso potencial de las algas verdes de República Dominicana o las propiedades antibióticas del Chiton squamosus, entre otros.

Su preocupación por la conservación de la fauna marina la llevó a encabezar, junto a otras instituciones locales e internacionales, una lucha por la protección de las ballenas jorobadas que llegaban a aguas dominicanas a reproducirse y alimentarse.

De esta manera es que, en 1986, se declara el Banco de la Plata como “Santuario Nacional” siendo este el primero de su clase en toda la región Atlántica Norte y la más importante área protegida para las ballenas jorobadas, delfines, manatíes y otras especies en peligro de extinción.

Por este esfuerzo, recibió en 1995 el Premio Global 500 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Hoy día, Bonelly de Calventi es considerada “madre de la conservación marina en el Caribe”. Así la proclamó la cadena británica BBC en un reportaje sobre mujeres de ciencia en América Latina.

Pero no ha sido fácil, confiesa: “La poca valoración a la investigación en ciencias naturales como herramienta fundamental al desarrollo fue una barrera difícil de vencer. Perseverar en el trabajo científico, ser fiel a tus principios y un estricto código ético profesional hasta lograr las metas, han sido las guías para vencer obstáculos”.